La guerra de las apuestas en Brasil reciA©n comienza
Un tigre feliz atormenta a Brasil. Vestido con una chaqueta roja de estilo chino, el felino regordete baila en las pantallas de los celulares; es la mascota de una mA¡quina tragamonedas digital enormemente popular. Pero a fines del mes pasado, el gobierno brasileA±o prohibiA3 el aÂÂjuego del tigrecitoaÂÂ, junto con todos los casinos en lAÂnea y las apuestas deportivas. aÂÂLa gente estA¡ endeudada, se estA¡ suicidando y estA¡ padeciendo una enfermedad llamada ludopatAÂaaÂÂ, dijo el Presidente Luiz InA¡cio Lula da Silva para justificar su decreto.
Desde que un gobierno de derecha legalizA3 las apuestas en 2018, el juego se ha disparado en Brasil. El aA±o pasado, el paAÂs se convirtiA3 en el quinto mayor mercado de apuestas del mundo. Los apostadores perdieron mA¡s de US$ 10.000 millones, una cifra superior a lo que los brasileA±os gastaron en cigarrillos y McDonald's juntos. Aunque genera una gran recaudaciA3n tributaria aÂÂel juego aporta a las arcas fiscales casi tanto como la agriculturaaÂÂ, muchos brasileA±os se han vuelto contra el sector. Las empresas lo responsabilizan de los niveles rA©cord de endeudamiento de los hogares y del sector pAoblico, asA como del bajo gasto en el comercio. Pastores de iglesias cristianas y mA©dicos advierten que las compaA±AÂas de apuestas estA¡n atrapando a los pobres y a los jA3venes.
The Economist:
Un paAÂs aficionado a los juegos de azar enfrenta los costos de esa pasiA3n.
La prohibiciA3n tiene antecedentes poco auspiciosos. Brasil prohibiA3 los juegos de azar en 1946 y cerrA3 establecimientos que iban desde casas de apuestas hasta salas de bingo. Esto empujA3 a los apostadores hacia el jogo do bicho (juego de los bichos), una loterAÂa ilegal controlada por organizaciones criminales. Los adinerados bicheiros, operadores de ese juego, pronto se infiltraron en la polAÂtica y la economAÂa formal; intentaban mejorar su imagen patrocinando escuelas de samba. Cuando se legalizaron las apuestas, uno de los objetivos era precisamente limitar su poder. Sin embargo, la ley que permitiA3 el juego omitiA3 regular el sector. Inicialmente no estableciA3 impuestos para la industria ni normas sobre publicidad.
En 2024, Lula intentA3 llenar esos vacAÂos. Su gobierno restringiA3 la publicidad de las apuestas, comenzA3 a impedir que los jugadores apostaran con tarjetas de crA©dito e introdujo normas como la verificaciA3n de edad. TambiA©n empezA3 a cobrar a los operadores 30 millones de reales (US$ 6 millones) por la licencia y un impuesto del 12% sobre sus ingresos. Implementar estas medidas de protecciA3n fue difAÂcil, seA±ala Daniele Cardoso, de la SecretarAÂa de Premios y Apuestas, el organismo regulador de la industria. Sin embargo, las autoridades, encabezadas por un Ministerio de Hacienda necesitado de recursos, creAÂan que podAÂan debilitar al crimen organizado, proteger a los apostadores y contener la adicciA3n al juego, todo ello mientras generaban nuevos ingresos para el Estado.
Una apuesta fallida
Sus esfuerzos parecen haber fracasado. Los apostadores, al gastar su dinero en el juego en lugar de destinarlo a actividades mA¡s productivas, redujeron el PIB brasileA±o un 1% el aA±o pasado, segAon estimaciones de Guilherme Klein, de la Universidad Federal de RAÂo de Janeiro. Ese impacto fue peor que el de los aranceles que Donald Trump impuso a Brasil. Los bicheiros no han sido desplazados: simplemente se trasladaron a internet, donde operan sitios tanto legales como ilegales, segAon Anchieta Nery, un jefe de inteligencia del Ministerio de Justicia. Cada vez mA¡s personas apuestan sumas elevadas y acumulan deudas, seA±ala Luiz Orsatti, de Procon-SA£o Paulo, una agencia de protecciA3n al consumidor. En 2025, una encuesta acadA©mica revelA3 que alrededor del 7% de los brasileA±os presenta conductas problemA¡ticas relacionadas con el juego, frente al 2% en Gran BretaA±a, otro paAÂs donde el problema estA¡ muy extendido.
No hay una soluciA3n fA¡cil. Los principales clubes de fAotbol, muchos de ellos patrocinados por empresas de apuestas, han insistido en que prohibir permanentemente la industria podrAÂa significar aÂÂel fin del fAotbol brasileA±oaÂÂ. AÂltimamente, algunos de sus jugadores han salido a la cancha con mensajes de protesta contra la prohibiciA3n. Las compaA±AÂas de apuestas amenazan con demandar al gobierno por los US$ 500 millones que han pagado en licencias; sus lobistas sostienen que la prohibiciA3n alimentarA¡ un mercado ilegal que ya representa el 30% del sector.
La prohibiciA3n de Lula buscaba conquistar a los votantes pobres y evangA©licos antes de las elecciones presidenciales (la segunda vuelta es el 25 de octubre). Sin embargo, obtuvo un resultado inferior al esperado en la primera vuelta. Su rival, FlA¡vio Bolsonaro, serAÂa partidario de normas menos estrictas; por ejemplo, cerrar los casinos en lAÂnea, pero permitir las apuestas deportivas. La partida sigue abierta.
ArtAÂculo traducido por EconomAÂa y Negocios.
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