¿De dónde vienen las enfermedades autoinmunes?

Por Clarin (Argentina) (Spanish)

La evolución no tiene propósitos, solo resultados.

La selección natural darwiniana no moldea a las criaturas para que sean "mejores" o "superiores" en un sentido objetivo y trascendente:

moldea a las criaturas para que triunfen en el aquí y el ahora.

Y lo que funciona en un entorno o período puede resultar perjudicial en otro.

Algunos científicos afirman que este hecho de la evolución podría ayudar a explicar el origen de las enfermedades autoinmunes humanas.

Las enfermedades autoinmunes son un poco misteriosas, pero distan de ser inusuales.

Entre ellas están la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, la diabetes tipo 1, el lupus, la enfermedad de Crohn, la psoriasis y posiblemente más de un centenar de otras .

Algunas causan sufrimiento, otras incomodidad y molestias, y algunas pueden ser mortales.

Lo que tienen en común es que, por razones aún poco claras, las células inmunitarias de una persona empiezan a atacar los tejidos y órganos del cuerpo en lugar de limitarse a defenderlo de invasores como los virus y las bacterias.

Se cree que las enfermedades autoinmunes afectan a unos 15 millones de personas en Estados Unidos y a entre el 5 y el 10 por ciento de la población de los países industrializados, así como a un porcentaje menor en los países en vías de desarrollo.

Y las cifras van en aumento, probablemente debido a factores ambientales, entre ellos la dieta y los contaminantes, que desempeñan un papel en el desencadenamiento de estas enfermedades.

Pero es probable que los factores genéticos también influyan, y ahí es donde las investigaciones de los últimos años han revelado un patrón intrigante.

Las enfermedades autoinmunes pueden surgir en parte de acciones y combinaciones de genes que fueron valiosos en etapas anteriores de la historia humana, pero que hoy resultan desventajosos.

En concreto, los científicos han encontrado evidencia de selección natural de ciertas variantes genéticas durante la Edad de Bronce, que comenzó hace unos 5000 años y abarcó dos milenios.

Esas mismas variantes podrían aumentar el riesgo de padecer enfermedades autoinmunes en las personas que las portan en la actualidad.

El término para estos efectos opuestos es " pleiotropía antagonista ", y una forma sencilla de explicarlo es que a veces un gen ayuda y otras veces perjudica.

¿Por qué algunas variantes genéticas prestarían un servicio valioso a los humanos antiguos pero un flaco favor a los de la actualidad?

Respuestas del pasado

Una respuesta, respaldada por estudios recientes que se basan en la secuenciación genética del ADN humano antiguo y las comparaciones de esas secuencias con genomas modernos, tiene que ver con las enfermedades infecciosas.

Durante esos milenios anteriores, los humanos pasaron de ser cazadores-recolectores en grupos pequeños y nómadas a otras dos formas de vida: agricultores y pastores.

Los agricultores eran sedentarios.

Los pastores convirtieron a los animales salvajes en ganado bovino, ovino y caprino, y viajaban por zonas extensas para que su ganado pudiera pastar.

La agricultura puso a las personas en estrecho contacto con las plantas.

El pastoreo puso a las personas en estrecho contacto con virus, bacterias y otros agentes infecciosos que portan los animales salvajes (que luego fueron domesticados).

Muchos de esos patógenos pasaron a los pastores y crearon lo que hoy se llama enfermedades zoonóticas:

infecciones de los animales que saltan a los humanos.

La supervivencia ante esas amenazas dependía de la suerte y de los genes.

La selección natural eliminó a los desafortunados y dejó poblaciones de sobrevivientes que portaban variantes genéticas afortunadas que ofrecían resistencia contra las infecciones.

Pero al parecer, esas variantes genéticas que sirvieron de protección en la Edad del Bronce ahora podrían tener un efecto negativo en nuestra era moderna de buenos sistemas de saneamiento, antibióticos, antisépticos y otras medidas de control de infecciones.

Al aumentar la sensibilidad del sistema inmunitario a un nivel extremo, se han convertido en factores de riesgo para las enfermedades autoinmunes.

Esa es, en todo caso, la hipótesis de la pleiotropía antagonista.

Y los científicos han encontrado pruebas que la respaldan.

Los investigadores de la Universidad de Oxford y sus colaboradores en otros lugares informaron de una fuerte correlación entre ciertas variantes genéticas que se propagaron rápidamente entre las poblaciones europeas hace unos 5000 años y aquellas vinculadas a una probabilidad elevada de padecer esclerosis múltiple en la actualidad.

Las variantes se volvieron más comunes a medida que los pastores migrantes de la estepa euroasiática comenzaron a llegar a Europa.

La mayoría de esas variantes genéticas brindaban cierta protección contra ciertas infecciones virales y bacterianas, o contra parásitos, lo que ayudó a los humanos a adaptarse no solo al estilo de vida pastoril, sino también a los aumentos en la densidad de población, lo cual intensificó la transmisión y la circulación de enfermedades infecciosas.

Hoy en día, según los investigadores, esas mismas variantes parecen tener el efecto contrario.

Ahora que las enfermedades infecciosas están mejor controladas y que existe una prevalencia en aumento de la esclerosis múltiple, "volvemos a observar una correlación notable con cambios en nuestro entorno, entre ellos las decisiones de estilo de vida y la mejora de la higiene, que ya no favorece la arquitectura genética anterior", escribieron.

En otras palabras, los genes que alguna vez nos protegieron ahora podrían ponernos en riesgo.

Otro estudio de un equipo internacional de investigadores analizó un momento histórico más reciente de cambio demográfico abrupto:

la peste negra.

Esta pandemia de peste del siglo XIV (causada por la bacteria Yersinia pestis, que transmiten las pulgas, de las cuales a su vez son portadoras las ratas) arrasó Europa, Medio Oriente y el norte de África entre 1346 y 1353 y ocasionó la muerte de entre el 30 y el 50 por ciento de la población de esas zonas.

Los investigadores examinaron meticulosamente las secuencias de ADN de personas muertas en Inglaterra y Dinamarca, algunas enterradas justo antes de los años de la peste, algunas durante y algunas después.

Una de sus fuentes fue East Smithfield, un sitio de entierro masivo de la peste negra justo al este de la Torre de Londres.

Allí y en otros lugares, los investigadores hallaron cuatro variantes genéticas relacionadas con la inmunidad en los genomas de más personas enterradas después de la peste que antes o durante esta, lo que sugiere que esas variantes habían conferido una ventaja de supervivencia.

Después de que otro equipo cuestionara sus métodos matemáticos, los investigadores replantearon su afirmación y la enfocaron en una variante.

Esa variante, evidentemente adaptativa contra la peste, es ahora un factor de riesgo conocido para la enfermedad de Crohn.

Así que parece que la peste negra, al igual que la transición al pastoreo durante la Edad del Bronce, podría haber sido un evento selectivo que aumentó el peligro de las generaciones futuras frente a las enfermedades autoinmunes.

Aunque el equipo de Oxford, en su estudio de la esclerosis múltiple, calificó esta situación como un caso de "arquitectura genética" anticuada, hay otra metáfora que ilustra el mismo punto de manera más vívida.

Recordemos el adagio sobre las fallas del liderazgo militar:

que los generales pasan sus tiempos de paz preparándose para librar la última guerra, en lugar de la siguiente.

Se aferran a tácticas, estrategias y armamento obsoletos —cosas que funcionaron bien en el pasado— a pesar del avance del tiempo y la llegada de novedades.

Esto es aparentemente lo que ha hecho la evolución con las variantes genéticas que muchos de nosotros portamos en la actualidad.

Las enfermedades autoinmunes en el siglo XXI podrían representar los esfuerzos del sistema inmunitario humano por librar una guerra que alguna vez fue cataclísmica y que ahora lo es menos contra las enfermedades infecciosas ubicuas e incurables.

Para algunas personas, el sufrimiento que traen consigo la esclerosis múltiple, el lupus u otros males autoinmunes es una desgracia cruel.

Otras son más afortunadas.

Por ejemplo, yo:

solo tengo mi psoriasis (heredada de mi padre, quien la heredó de un linaje de campesinos noruegos) como recordatorio de que mi propio sistema inmunitario está listo y ansioso, demasiado ansioso, de librar la última guerra:

la guerra entre un pastor de la Edad del Bronce y un virus que contrajo de una de sus cabras.

David Quammen es periodista científico y autor de 19 libros, entre ellos Sin aliento, sobre los orígenes y la evolución de la COVID-19, y el próximo a publicarse, Devil on the Run, sobre el cáncer como fenómeno evolutivo. Este artículo es parte de Estados patológicos, su nueva serie sobre la evolución y las enfermedades.

c. 2026 The New York Times Company

Capital.com es una plataforma de corretaje exclusivamente de ejecución y el contenido proporcionado en el sitio web de Capital.com está destinado únicamente a fines informativos, por lo que no debe considerarse una oferta de venta ni una solicitud de oferta de compra de los productos o los valores a los que se aplica. No se ofrece ninguna declaración ni garantía en cuanto a la exactitud o la integridad de la información facilitada.

La información facilitada no constituye asesoramiento en materia de inversión ni tiene en cuenta las circunstancias financieras o los objetivos individuales de ningún inversor. Cualquier información que pueda proporcionarse relativa al desempeño pasado no es un indicador fiable de resultados futuros.

En la medida en la que lo permita la ley, en ningún caso Capital.com (o cualquier filial o empleado) tendrá  responsabilidad alguna por cualquier pérdida derivada del uso de la información facilitada. Toda persona que actúe según esta información lo hace por su propia cuenta y riesgo.

Toda información que pueda interpretarse como «análisis de inversiones» no fue elaborada de conformidad con los requisitos legales destinados a promover la independencia de los análisis de inversiones y, como tal, se considera una comunicación comercial.