Precisiones sobre liberalismo

Por El Mercurio (Chile)

Porque la libertad no es un puro derecho, sino que va unida a un riesgo sin el cual no puede existir, es que constituye un factor de dinamismo social y cultural.

Por JoaquA­n Fermandois

Existe confusiA3n sobre el liberalismo y por tanto tambiA©n sobre el iliberalismo. Se podrA­a definir al liberalismo como una formulaciA3n teA3rica que se convierte en idea fuerza en tres A¡reas de la vida. Lo que vincula a estas es defender como derecho la autodeterminaciA3n de los humanos, y hasta el deber de propagarla como la cualidad esencial de la existencia.

La primera es la libertad polA­tica, resumida en Estado de derecho, divisiA3n de poderes del Estado y la existencia de una opiniA3n pAoblica. La segunda es el liberalismo econA3mico: los agentes econA3micos particulares deben conservar el mA¡s amplio margen de libertad posible. Generalmente, con bastantes excepciones, esta se encuentra acoplada al liberalismo polA­tico.

La tercera es el liberalismo cultural, con la paradoja de que su existencia no se desprende como causa y efecto de los fenA3menos anteriores, pero sA­ estA¡ en relaciA3n vital con ellos; no existe actitud liberal en la vida social sin esos anclajes de libertad polA­tica y econA3mica. Una parte de la cultura liberal racionaliza y promueve la libertad polA­tica y, sobre todo, la economA­a liberal. Sin embargo, esa cultura tambiA©n es la fuente de donde proceden tanto las crA­ticas a sus falencias y hasta su existencia, como en parte la erosiA3n de valores que sustentan a las visiones e instituciones polA­ticas y econA3micas liberales. Hay algo antitA©tico en la relaciA3n entre la cultura liberal y las dimensiones polA­tica y econA3mica de la vida social, aunque solo posee fecundidad dentro de esa referencia. La cultura liberal pierde vigor y lozanA­a al apartarse de ellas, por mA¡s que la ideologA­a (o lo polA­tico) y el proceso econA3mico por sA­ mismos no produzcan la cultura.

La cultura liberal no es lo mismo que la actitud o disposiciA3n liberal, aunque esta sin duda se alimenta en ideas y sentimientos de aquella. La segunda consiste en lo que en estas pA¡ginas ha definido AgustA­n Squella como un a€œtalante o temperamentoa€, por cierto, vinculado tambiA©n a ciertas formas de concebir la realidad abiertas a la autocrA­tica, a la espontaneidad de la vida y a la nociA3n de que todo lo que definimos como verdad tiene sus lA­mites. Por cierto, es una cualidad que se puede sostener tambiA©n desde perspectivas socialistas o conservadoras; ejemplos abundan. A este talante me gustarA­a aA±adirle otra caracterizaciA3n, la de a€œlibertad de espA­ritua€, que no es ni libertaria ni crA­tica anarquizante ni deconstruccionista. Se trata mA¡s bien de un espA­ritu crA­tico que sostiene independencia en las pasiones para discernir lo realizable de lo inalcanzable y quizA¡ daA±ino, un nudo perpetuo de la polA­tica y del debate pAoblico.

Finalmente, para que subsista el espA­ritu liberal en el marco de la sociedad abierta a€”sede de la democraciaa€”, debe ser acompaA±ado por un alma que se encante a€”que no desencantea€” con el sentido final de la democracia republicana. No basta ni con espA­ritu liberal, ni con la libertad de espA­ritu; ambos como inclinaciones particulares pueden conducir a la inacciA3n. Precisamente porque la libertad no es un puro derecho, sino que va unida a un riesgo sin el cual no puede existir, es que constituye un factor de dinamismo social y cultural. Lo importante es que se comparta con un sentimiento de adhesiA3n y de responsabilidad, al menos de una minorA­a activa, en direcciA3n a aquello que se llama patria, naciA3n, terruA±o, sociedad, etc. Es la base de la que brota el sentido de la acciA3n en el pensar y en la prA¡ctica. Sin esta fuente de lealtad, la libertad se verA¡ tentada por perspectivas iliberales de un lado y de otro, ajenas al espA­ritu aunque quizA¡s no a la letra de la idea de libertad.

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