Fiebre importadora / Análisis de Ricardo Ávila

Por El Tiempo (Bogota, Colombia) (Spanish)

Colombia está de compras como nunca en su historia. Así se podría resumir el dato que entregó el Dane en la semana que termina, cuando reveló que las importaciones en julio llegaron a 7.968 millones de dólares, un total que comprende el valor de las mercancías adquiridas, más los respectivos fletes y seguros.La cifra en cuestión es superior en 23 por ciento a la del mismo periodo del año pasado y confirma una tendencia alcista que no debería pasar desapercibida. De continuar el ritmo observado en los primeros siete meses de 2026 –que muestra un repunte del 15 por ciento– el acumulado en diciembre superaría los 81.000 millones de dólares y es factible que llegue todavía más arriba.Semejante frenesí tiene varias explicaciones. Para comenzar, una tasa de cambio ubicada en niveles que no se veían desde la década pasada abarata en términos relativos los bienes adquiridos en el exterior.

Adicionalmente, es probable que, una vez superada la incertidumbre respecto a las elecciones presidenciales, se reactivaran pedidos que estaban congelados hasta no saber el resultado. Como tercer elemento están las circunstancias propias de la coyuntura, especialmente en lo que tiene que ver con la energía.

Las razones

Sea como sea, cada uno de los principales grupos de productos muestra un gran dinamismo. El integrado por alimentos, bebidas y productos agropecuarios registra un avance del 12 por ciento hasta julio, con no pocas curiosidades.Por ejemplo, en lácteos y huevos, el salto en lo que se trae de afuera fue de 65 por ciento, mientras que en café alcanzó el 19 por ciento, al tiempo que en azúcares y miel llegó a 20 por ciento. Si bien los dos renglones principales son cereales y pienso para animales, en los cuales el país es deficitario, llama la atención que, al menos sobre el papel, hay acápites en los cuales la producción nacional debería ser suficiente para abastecer la demanda interna.No es ese el caso de la categoría de combustibles, en la cual las importaciones crecen 17 por ciento en lo que va del año. Aquí el factor determinante es el gas, indispensable para cubrir las necesidades de la industria y las termoeléctricas, y más ahora con la llegada del fenómeno de El Niño. Resulta evidente que la pérdida de la autosuficiencia a partir de 2024, como consecuencia del agotamiento de los campos existentes y la suspensión de las actividades exploratorias durante el cuatrienio pasado, está pasando una factura cada vez más onerosa. La cuenta en lo que va corrido del calendario supera los 5.000 millones de dólares, pero subirá mucho más, pues solo en julio creció en casi 80 por ciento.Un tercer capítulo corresponde a las manufacturas, que representan tres cuartas partes de las compras externas de Colombia. Lo más significativo es el apetito por vehículos de carretera, cuyas adquisiciones avanzaron un 57 por ciento, seguidos de medicinas con 17 por ciento y maquinarias para determinadas industrias con cerca de 30 por ciento.

Este último apartado es una de las pocas luces que aparece, pues sugiere que hay una reactivación de la inversión orientada hacia las manufacturas. Pero en general, el balance no es muy alentador.El motivo es que a la hora de examinar el destino económico de las adquisiciones hechas en el extranjero este año, lo más dinámico son los bienes de consumo, con un incremento de casi el 30 por ciento. En contraste, las materias primas y los productos intermedios aumentan 8 por ciento, y los bienes de capital, junto con los materiales de construcción, lo hacen en 14 por ciento. Mención especial merece el auge del segmento automotor y, en especial, de los carros eléctricos e híbridos, cuyos volúmenes de negocio se han disparado. Si bien algo de eso se nota en los resultados de las plantas locales, la gran mayoría de la oferta corresponde a los automotores foráneos.Dicho sea de paso, ello se traduce en una recomposición significativa del origen de las importaciones. El caso más significativo es el de China, cuyo despacho de vehículos para el transporte de personas con destino al país se multiplicó en casi cinco veces hasta julio.Debido a ese y otros segmentos, la segunda gran potencia mundial se consolidó en el primer lugar dentro de las naciones de las cuales traemos cosas, con una participación del 28,8 por ciento, seis puntos por encima de la de Estados Unidos. Así, Washington trate de limitar la presencia del gigante comunista en esta parte del mundo, queda claro que los consumidores colombianos piensan otra cosa.A modo de síntesis de lo ocurrido, Luis Fernando Mejía, de la firma consultora Lumen, expresa que "tenemos un boom en las importaciones asociado a un precio del dólar bajo, pero el grueso del crecimiento marginal viene del consumo, no de la inversión".

Como si lo anterior no fuera suficiente, el experto añade que "lo que preocupa es el deterioro de la balanza comercial, que contribuye a ampliar el saldo en rojo de la cuenta corriente de la balanza de pagos y vuelve a dejar al país con déficits gemelos en el frente externo y fiscal, sin un fundamento aún muy sólido en inversión productiva". Al mirar los signos vitales de la economía, es indudable que aquí aparece un motivo de inquietud adicional.

Coletazos posibles

Y ahí está el meollo de la cuestión. Más allá de que las compras externas hayan subido en forma acelerada, el debate debería centrarse en si eso es una muestra de vigor o una debilidad inherente.Para numerosos segmentos productivos, las luces de alerta están encendidas. En el caso de quienes abastecen el mercado nacional, la competencia venida de afuera se traduce en menores márgenes o pérdidas, cuando hay que bajar precios para no perder cuotas de mercado.Todavía las cifras oficiales no lo registran, pero semana a semana aumentan en intensidad las señales de empresas en dificultades. Activar sistemas de monitoreo para hacer seguimiento y reaccionar a tiempo sería lo procedente, pero eso requeriría, entre otras cosas, un buen nivel de comunicación entre funcionarios gubernamentales y dirigentes gremiales. Como ese no es el caso por estos días, el riesgo es que los problemas aumenten sin ser detectados. No se trata tan solo de que alguien pierda dinero o las ventas bajen, sino de que se destruyan puestos de trabajo y capacidad productiva que tomarán meses en recuperarse cuando el viento cambie de dirección.

De otro lado, aparecen los interrogantes en el plano macroeconómico. Al cierre de julio, el déficit comercial se ubicó en 11.042 millones de dólares, con lo cual se encamina a ser el más alto desde que existen registros. Una brecha al alza no es aconsejable, pues puede dar lugar a correcciones bruscas e inconvenientes.Porque, junto con la voracidad observada a la hora de hacer compras en el extranjero, las ventas del país andan por un carril más lento. Es verdad que, gracias al repunte de las cotizaciones del petróleo, entre otros motivos, las exportaciones han subido un 13 por ciento, pero este avance es insuficiente.Debido a ello, sube la probabilidad de turbulencias en los meses que vienen y no solo en materia cambiaria. Con un lío inmenso en sus finanzas públicas, una inflación que no cede y un entorno global complejo, los encargados de la política económica deberían concentrarse en conseguir el crecimiento sostenido del que hablan los discursos oficiales.Porque, de lo contrario, el camino podría ser muy accidentado. Como lo sintetiza Javier Díaz, presidente de Analdex: "El lío no es que las importaciones sean altas; lo realmente grave es que nuestras exportaciones son muy bajas y no alcanzan a generar los dólares suficientes para pagar lo que traemos de afuera".RICARDO ÁVILA PINTOEn X: @ravilapinto

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