Edmé Domínguez Reyes / ¿El modelo sueco en crisis?
El pasado 13 de septiembre, Suecia celebró elecciones nacionales, regionales y municipales, un proceso que se realiza cada cuatro años. El resultado aún es incierto. Los principales temas de campaña fueron la sanidad, la criminalidad, el control de la migración, el coste de vida y la educación. En cambio, la crisis climática, la desigualdad patrimonial, el racismo y el crecimiento de las culturas del odio quedaron relegados. Cabe preguntarse: ¿sigue existiendo un modelo sueco de bienestar basado en la igualdad y la solidaridad? Le Monde destacó recientemente que, entre las 3 mil 428 personas más ricas del mundo, 51 son suecas, entre ellas el fundador de H&M. ¿Se ha convertido Suecia en un paraíso para los superricos? Aunque mantiene una desigualdad de ingresos relativamente baja frente a Europa, ocupa el séptimo lugar internacional en desigualdad patrimonial, por detrás, entre otros, de Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos. Además, la pobreza afecta hoy al 7 por ciento de la población, el doble que hace cinco años. Suecia ocupa así el puesto 24 en el índice de Oxfam sobre compromiso para reducir la desigualdad, por detrás de Noruega, Finlandia y Dinamarca.
¿Cómo se llegó a esta situación?. Durante la posguerra, Suecia construyó un modelo social que redujo enormemente la concentración de la riqueza mediante políticas de vivienda, crecimiento salarial y acuerdos entre trabajadores y empresarios. El sistema fiscal era muy progresivo y gravaba ingresos y capital. Sin embargo, desde 1990, diversas reformas redujeron los impuestos sobre el capital y eliminaron los impuestos sobre el patrimonio y las herencias. Al mismo tiempo, crecieron los activos financieros, se internacionalizó el capital y aumentó la concentración empresarial. El resultado fue una enorme acumulación de riqueza en pocas manos.
El Estado de bienestar no desapareció, pero desde los años noventa se abrió a la privatización. Empresas privadas comenzaron a prestar servicios de educación, sanidad y atención a mayores. Surge aquí una paradoja: servicios financiados por el Estado pueden generar beneficios que se convierten en patrimonio privado. En las llamadas "escuelas libres", por ejemplo, los alumnos no pagan matrícula, pero los beneficios obtenidos con recursos públicos pueden contribuir a aumentar la desigualdad.
Aunque el sistema de bienestar mantiene una calidad relativamente buena, enfrenta problemas importantes. La sanidad necesita más financiación, mejores salarios y equipamiento. En educación, las escuelas municipales compiten muchas veces en desventaja con las "escuelas libres", favoreciendo una mayor segregación económica y étnica, y dificultando la integración de numerosos migrantes.
En materia de género, Suecia sigue siendo un referente por la participación femenina en el mercado laboral, pero persiste una fuerte segregación profesional. Sectores como la enseñanza y la enfermería, mayoritariamente femeninos, tienen salarios relativamente bajos, desigualdad que también se refleja en las pensiones.
La política de ayuda al desarrollo ha cambiado profundamente y los recursos destinados a los países más pobres han disminuido, mientras una parte importante se ha orientado hacia Ucrania. La invasión rusa ha provocado además una creciente militarización que consume recursos públicos.
La derechización del modelo sueco comenzó incluso bajo gobiernos socialdemócratas durante los años ochenta, pero se ha acentuado con los gobiernos conservadores. El actual ha dado marcha atrás especialmente en materia ambiental, subordinando en varios casos estas políticas a intereses empresariales.
Los resultados electorales de ayer no dieron el triunfo irrefutable al bloque opositor como se esperaba. El empate refleja la actual polarización de la sociedad sueca. Por el momento se desconoce si habrá un cambio de gobierno capaz de frenar el deterioro del modelo sueco de bienestar. Tanto este modelo como los principios de igualdad, solidaridad e incluso democracia parecen estar cada vez más en entredicho.
*PROFESORA ASOCIADA EMÉRITA DE LA UNIVERSIDAD DE GÖTEBORG, SUECIA